Los laberintos de EstambuL. Por Jorge Miguel Corti
Estambul es una gran ciudad; allí viven 17.000.000 de personas. Con una geografía de sierras bajas que se rinden al Bósforo o el mar de Mármara, el agua siempre es protagonista.
Comenzamos por recorrer la zona histórica donde encontramos la Mezquita Azul, una de las 4400 de la ciudad.
Revestida en su interior por más de 20.000 azulejos del siglo XVII, está frente a la catedral de Santa Sofía (hoymuseo) y junto al hipódromo, el Obelisco (que fue traído de Egipto), el Palacio de Topkapi y la cisterna de Yerebatan, una impresionante reserva de agua construida por los romanos. En esta zona hay un cúmulo de calles peatonales con todo tipo de comercios. A través de ellas se puede llegar al famoso Mercado de las Especias, en cuyo alrededor hay locales de productos textiles a buen precio y una importante feria de jardinería.
Otro lugar que no se puede dejar de visitar es el Gran Bazar (funciona desde el siglo XVI), con 29 laberínticas calles internas pobladas de pequeños puestos donde es muy normal perderse. Allí encontramos productos textiles (alfombras, pañuelos, fundas para almohadones y prendas de vestir), artesanías, especias, relojes y joyas, entre pequeños bares donde se puede tomar té turco o comer alguna comida típica.
En este lugar, los productos no tienen precio. Este se obtiene luego de un arduo trabajo de regateo.
Para almorzar o cenar, una veintena de restaurantes especializados en pecados y mariscos nos espera en la tradicional villa de pescadores de Kumkapi. Cruzando el puente Galata sobre el Cuerno de Oro encontramos la Torre de Gálata, tomamos el Tranvía de Nostalgia y llegamos a la plaza Taksim, donde se erige el Monumento a Ataturk, fundador de la Turquía moderna.
Siguiendo hacia el Bósforo se ubica el espectacular Palacio de Dolmabahace, construido entre 1843 y 1856, que fue la última morada de los sultanes y cuyo costo ascendió a 500 millones de dólares. Hacia el Norte, pasamos por el Museo de Arte y el Museo Naval, y llegamos al barrio de Ortakoy, con angostas callecitas comerciales y una pintoresca feria donde se destacan las frutas, verduras y los pescados
También es muy interesante visitar el Palacio Beylerbeyi, residencia imperial de verano; es otro importante palacio del siglo XIX, a orillas del Bósforo y construido con los materiales más lujosos de todos los rincones del planeta. Como cierre a este viaje maravilloso, un paseo en barco (imperdible) nos llevó a las islas Príncipe, grupo de islas sobre el mar de Marmara, donde no circulan autos. Se pueden recorrer en carruajes tirados por caballos o en bicicleta, para ver típicas casas de campo otomanas y, sobre la costa, numerosos restaurantes donde almorzar con vista al mar.
Fuente: La Nación
Dormir barato en Estambul