Este legendario puerto no es hoy más que una reliquia, pero ha sido remozado con mimo y reproduce exactamente las dimensiones y el lugar que ocupó históricamente. La difícil maniobra de entrada siempre tuvo fama de estar sólo al alcance de los navegantes mas avezados. Para confirmarlo, allí sigue la famosa escollera de rocas negras que tapona parcialmente la bocana, dificultando el acceso y salida de las naves. La roca más prominente es conocida como Andrómeda, ya que, según una vieja leyenda, Andrómeda fue encadenada allí para ser sacrificada, pero Perseo la liberó de las fauces del gran monstruo marino, llevándosela en su caballo alado.
La Jafa de hoy
Leyendas al margen, la Jafa que hoy visitan los turistas se asienta sobre la falda de una colina y fue construida casi íntegramente al filo del siglo XX, durante la ocupación otomana, cuando su población era mayoritariamente árabe, pero en el dédalo de angostas callejuelas que descienden hasta el puerto se aprietan muchascasas de épocas mucho más remotas, en las que no resulta difícil encontrar resonancias bíblicas. Una placa en una de ellas, por ejemplo, la identifica como la casa de Simón el Curtidor, donde se alojó San Pedro tras resucitar a Tabita, según se relata en los Hechos de los Apóstoles. En el patio interior aún pueden verse el aljibe que abastecía de agua a la casa en tiempos de Pedro y un ataúd de la misma época que los musulmanes usaron más tarde como pila de abluciones en una mezquita próxima.Por encima de estas reliquias milenarias, queda un atractivo casco antiguo de casas de piedra y umbrosas callejas con encanto, que se ha transformado en un barrio de artistas. Muchas de las viejas casonas han sido reconvertidas en galerías de arte, cuando no en museos o viviendas de artistas. Parte del encanto de Jafa reside en perderse por sus callejuelas llenas de sabor, en curiosear sus numerosas galerías, algunas extraordinarias, en paladear el buen gusto con que han sido renovadas las viejas casas y el genio creativo con que se ha mezclado muchas veces lo viejo y lo nuevo.
En el punto alto de la ciudad hay un pequeño parque llamado Jardines de HaPisgah. Lo remata un anfiteatro y una extraña escultura blanca que representa, dicen, la caída de Jericó, el sacrifico de Isaac y el sueño de Jacob, sin embargo, los turistas apenas escuchan las explicaciones del guía, imantados por la fantástica vista que se divisa desde allí: la inacabable línea de playa de Tel Aviv y los rascacielos que jalonan la costanera. Sólo por eso vale la pena subir a la colina.
Fuente: ocholeguas.com
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