Con algunas de las mejores playas de arena blanca de toda Nueva Zelanda y poblaciones pintorescas sacadas de una película del oeste, Coromandel hace tiempo que se ha convertido en refugio de hippies y personajes bohemios dedicados al cultivo ecológico.
Quizá por ello, por la excelente relación calidad-precio que todavía ofrecen sus alojamientos, es el momento de visitar localidades como Whitianga, Thames, Hahei, Waihi, Opoutere o la propia Coromandel, que da nombre a la península y que hasta hace muy poco era el centro económico de la región merced a sus yacimientos de oro.
Una notoriedad que ahora ostentan Whitianga y, sobre todo, Hahei, un legendario pueblo playero kiwi que diariamente recibe a cientos de turistas que hacen una parada en la playa de Cathedral Cove, patrimonio natural de la humanidad. Junto a ella, la denominada Hot Water Beach (playa de las aguas calientes) despierta la curiosidad de todos aquellos que pretenden ahorrarse elspa. Basta con esperar a que baje la marea y cavar un pequeño agujero en la arena, donde brota agua caliente debido a una curiosa intrusión volcánica.
Menos conocida y transitada es la singular Miranda, que a sólo una hora en coche desde Auckland permite la observación de aves zancudas y costeras durante todo el año. Junto a ella, la señorial Thames (llamada así por el capitán Cook, quien dijo que el río que la atravesaba le recordaba a su Tamésis natal) conserva todavía todo el esplendor que le dio la aparición de oro en sus cuencas fluviales, lo que atrajo en el siglo XIX a cerca de 10.000 colonos europeos.
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